And everybody hurts sometimes

Audrey Hepburn llora en The Children’s Hour, sobre su mejilla izquierda cae una lágrima verdadera, transparente, acuosa. Del lado derecho, el llanto arma una corteza brillosa, una cubierta resquebrajada y quieta. No importa qué sucedió ni cómo ni cuándo, sus lágrimas no están manchadas. Cuando pare de doler, sin impostura ni escándalo, Audrey saldrá de la escena, del filme, del set con su paso perfecto hacia las calles de Los Ángeles.

Algo parecido sucede en Waterproof, Florencia Trimarco atraviesa con su poesía una zona de tristeza tal vez una separación o el cierre de una etapa compartida y emerge, del otro lado de las páginas, con palabras limpias, no contaminadas por el morbo que, en ocasiones, propone la angustia.

Waterproof se estructura en tres zonas: Todo queda rozado los viernes a la tarde, Lo que arrastran sus ojos y Las cosas que tus manos. La primera es un territorio que opera como tierra devastada, como el instante ulterior a la catástrofe. Sin embargo, no hay soledad, a esa voz poética la circundan demasiados recuerdos como para que esté sola.

Puse un disco / triste / las canciones / no las entendía, asegura Florencia en el segundo tramo del recorrido y es inevitable la identificación, no solo por lo del disco triste que alguna vez loopeamos sino porque, en este punto de la aventura, sabemos que no es necesario decodificarlo todo para empatizar con la autora.

Narrar el argumento de un poemario es una proeza innecesaria. No obstante, sobre el final, debo prevenirlos, irrumpe la posibilidad cierta de la mancha, se nos impone el riesgo, la desprotección. Gracias a la ciclicidad de la vida en algún momento terminaremos en el agua, deslizaremos hacia la pileta azul de las emociones sin que el diazepam nos contenga.

Pétalos que se pegan a las zaptillas, un colchón torcido, un piercing, son significantes del universo léxico de Waterproof. No es fácil usar el lenguaje de la cotidianidad pop sin que ese goce fagocite lo sensible. Este es uno de los hallazgos del libro, la lengua opera como chaleco flotador que asegura el acceso hacia lo hondo, hacia el vientre tierno de la confesión. Si la obra conmueve es porque es simple. La simplicidad, se sabe, demanda tiempo, honestidad y trabajo.

Aparece entonces la pregunta recurrente: ¿qué expectativa debe satisfacer la poesía contemporánea escrita por mujeres? En principio, ninguna que no sea la experiencia estética que constituye su sustrato. Luego vendrán aquellos elementos que connotan su cosmos, que lo legitiman, que lo diferencian. Esto tiene más de brasa íntima que de bengala, de singularidad que de legión.

En definitiva, lo femenino como praxis artística cobra espesura deconstruyendo también el ideario estándar de lo femenino. Ese es un hacer que se concibe en lo intrínseco para irradiarse al afuera, quizás como ese fuego nuevo en torno al cual nos gusta encontrarnos. Por eso es bienvenida la literatura del nylon, de la cerveza, de esa tintura azul que nos muestra tan diversas.

Los mercadólogos insisten en que el maquillaje waterproof revolucionó el mundo de la cosmética. Los especialistas explican que está hecho de ceras finas y polvos micronizados que crean una película uniforme compatible con el agua para que esta no retire ni un milímetro de maquillaje. Una única recomendación: estos productos no son milagrosos, no frotes tus ojos al salir de la lectura.

Waterproof. Florencia Trimarco. Alto Pogo. 2018. 45 páginas.


LAURA BRAVO
Nació en la Cuidad Autónoma de Buenos Aires el año del alunizaje. Estudió Edición. Trabaja como Redactora y Correctora Académica. Escribe en medios digitales. Integra el Ciclo Monserrat. Melómana serial, cinéfila compulsiva y noctámbula confesa. Este año, su poemario «Realidark» será editado por Alto Pogo.